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La piel del recién nacido tiene su propia microbiota:
cómo protegerla entre el baño y el cambio de pañal

Cada vez se habla más de la microbiota intestinal, pero pocos saben que la piel también tiene la suya: una comunidad de bacterias «buenas» que vive en la superficie cutánea y contribuye a protegerla. En los recién nacidos, este equilibrio es aún muy incipiente, y conocerlo ayuda a comprender por qué ciertos gestos cotidianos deben realizarse con más cuidado de lo que se cree.

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¿Qué es la microbiota cutánea (y por qué es tan joven)?

La microbiota cutánea es una de las primeras defensas naturales frente a los agentes externos y los microorganismos nocivos. En los recién nacidos, este equilibrio aún se está formando: la piel es más fina, tiene menos lípidos protectores y tiende a perder agua con mayor facilidad. Se trata de un sistema delicado que necesita tiempo —y que se vea alterado lo menos posible— para desarrollarse correctamente.

El baño: un equilibrio que hay que respetar, no «esterilizar»

Un error común es pensar que cuanto más frecuentes y minuciosos sean los baños, más limpia y protegida estará la piel. En realidad, ocurre justo lo contrario: los baños demasiado frecuentes o con productos demasiado agresivos pueden alterar precisamente ese equilibrio del film hidrolipídico y la microbiota que la piel está creando. Por eso, durante los primeros meses, bastan 2 o 3 baños a la semana, con agua tibia, productos de limpieza con pH fisiológico y toallas de fibras naturales como el bambú y el algodón, todo ello pensado para respetar —y no eliminar— la flora cutánea del bebé.

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El cambio de pañal: la zona más delicada que hay que vigilar

La zona del pañal es aquella en la que el equilibrio cutáneo se ve más afectado: la humedad, el roce y el contacto prolongado con la orina y las heces crean un entorno en el que las bacterias menos «amigables» pueden proliferar más fácilmente. Cambiar el pañal con regularidad, limpiar con suavidad y aplicar una crema protectora ayuda a mantener el equilibrio de la piel, reduciendo el riesgo de irritaciones y enrojecimientos.

Las manos de quien cuida al niño son tan importantes como los productos

La microbiota cutánea del recién nacido se forma también a través del contacto con las personas que lo cuidan. Lavarse bien las manos antes de cada gesto de cuidado —desde el cambio de pañal hasta el momento de los mimos— es un hábito sencillo pero importante, que ayuda a proteger al bebé de la transmisión de microorganismos no deseados durante los primeros meses de vida, cuando sus defensas aún están por desarrollarse.

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Por la Dra. Pilar Nannini
Pediatra